EL ADN DE LA UNIDAD
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Por: Jaime Elio Quintero García
8/18/20262 min read


Déjeme y le platico algo…
En semanas pasadas los mexicanos tuvimos la gran oportunidad de vivir un fenómeno sociológico muy importante, derivado de la celebración del campeonato mundial de futbol y la participación de la selección nacional de México en este muy popular deporte global. El fenómeno en cuestión lo analizan y conceptualizan varios sociólogos y politólogos especializados en el comportamiento de masas.
Tal suceso fue una ejemplar demostración de unidad nacional. En repetidas ocasiones, tantas como veces el equipo nacional participó, fueron millones de personas que se reunieron a festejar el éxito y hasta la derrota de nuestro equipo nacional.
Refieren algunos de estos estudiosos, en un apartado de conclusiones que la prolongada promoción de un evento tan gustado y esperado por todos, convocó a la concentración y unidad de las personas, lo que llamó la atención de propios y extraños, ya que tal suceso despertó entre la gente un sentimiento de fiesta de alegría y de comunidad.
Para no ir más allá, la explicación de esta reacción colectiva que dejó de lado a qué rival se enfrentaba el equipo nacional y cuál sería su destino final en el torneo, fue el hecho de que el país entero estaba deseoso de buenas noticias, o de contar con un motivo o pretexto para desahogar las muchas frustraciones del diario acontecer nacional.
Esto fue, lo que luego entonces, desató el irrefrenable impulso de acudir a los estadios, a las mega pantallas públicas, a las calles y a los sitios emblemáticos de las ciudades para festejar, reír y bailar hasta altas horas de la madrugada, la gente se olvidó de las diferencias sociales, religiosas y políticas, de los perturbadores desencuentros e insanas realidades diarias.
Por un tiempo, fuimos los mexicanos uno solo, nos olvidamos de la controversia familiar, las desavenencias entre y con los amigos, compañeros de trabajo y vecinos. Hubo una motivación inspiradora que nos regresó a nuestra verdadera esencia nacional, de unidad y colectividad, misma que trasciende generaciones y formas de pensar.
Ha sido este afortunado acontecimiento un suceso que no debemos olvidar, que no podemos olvidar; México ganó mucho, mucho más de lo ambicionado y esperado. A partir de ahora México es otro, el futbol nacional es otro, la esperanza en la tan merecida unidad nacional renació.
Hoy estamos ciertos que los mexicanos podemos ir adelante unidos y sin temores, sin aberrantes odios y resentimientos que no tenemos por qué cargar, que no son nuestros por más que se traten de imponer, que en realidad estas enfermizas lacras no están en nuestro ADN social.
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